Para quienes hemos seguido durante años la política colombiana e incluso participado en ella como es mi caso, hemos construido desde la objetividad una visión crítica frente al terrorismo y la impunidad, lo que está ocurriendo hoy con la campaña de Iván Cepeda no resulta sorprendente, sino profundamente preocupante.
El asesinato de Miguel Uribe Turbay no solo enluta al país, también revive una pregunta incómoda: ¿qué tan coherente es el discurso de la izquierda frente a la violencia? Aunque no existen pruebas directas contra Cepeda, lo cierto es que su trayectoria ha estado marcada por una narrativa que muchos colombianos percibimos como indulgente frente a grupos armados.
Durante años, Cepeda ha cuestionado la acción militar y ha sido una de las voces más visibles en la crítica al Estado en su lucha contra las guerrillas una postura que en concepto de muchos ha terminado relativizando la gravedad del accionar de organizaciones criminales.
Hoy, esa tensión debe pasar factura. No porque se haya probado una responsabilidad directa, sino porque en política la coherencia importa. Y cuando un candidato ha construido su imagen alrededor de la comprensión del conflicto, no puede gobernar un país que regresa a sus épocas de conflicto mas obscuras.
El problema para Cepeda es aún más profundo en un país donde millones de ciudadanos recuerdan que la seguridad no fue un discurso, sino una conquista. Bajo el liderazgo de Álvaro Uribe Vélez, Colombia logró recuperar territorios, reducir secuestros y devolverle tranquilidad a muchas regiones. Ese recuerdo sigue vivo, y cualquier ambigüedad frente a quienes amenazan ese orden nos genera desconfianza inmediata.
Cepeda no solo enfrenta cuestionamientos, sino una comparación constante con un modelo que muchos consideran exitoso, ¿votar por quien genera dudas frente a su posición en el conflicto o votar por quienes prometen el regreso de la seguridad en sus discursos?
Aquí no se trata de pruebas judiciales, sino de confianza política. Y la confianza, una vez debilitada, es difícil de recuperar. Iván Cepeda no genera confianza para derrotar a la guerrilla.
Para el votante que cree en la autoridad, el orden y la defensa del Estado, la pregunta ya no es si Cepeda es responsable de algo. La pregunta es si representa el tipo de liderazgo que Colombia necesita en un momento donde la seguridad vuelve a estar en juego.
Para muchos, la respuesta empieza a ser cada vez más clara.

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